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Sobre
Orientales .....

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18/08/2007.
Un Oriental entre Orientales
Japón: Gordos vs. Espacio
Para
la gente que se queja de los espacios chicos, les voy a contar las
peripecias de alguien que ocupa mucho espacio, habiendo tenido que vivir
donde el espacio es un lujo para muy pocos.
Esto bien podría haberse titulado: "Tribulaciones, lamentos y
sufrimientos de un gordo en Japón"; o: "Muchos kilos, y poco
espacio"; o: "¡Que lo parió que país con espacios tan
chiquitos…" ¡Pero no!, decidí titularlo con el título que
lleva, porque los sufrimientos los pasé yo, ¡además!, ¿Quién
escribió todo esto?
¡Mirá que hay espacios reducidos, eh! Espacios muy chiquititos, ¡pero
muy chiquititos mismo!
El que diga que no, seguramente no es gordo ni vivió en Japón. Yo te
voy a contar la justa… o lo justo que pasé mi gorda vida en Japón.
Todos te hablan de los reducidos espacios que hay en Japón, pero como
reza en el dicho" Una é parlare di morte, e oltra propriamente é
morire…" -Una cosa es hablar de muerte y otra es morirse-
Cuando estuve allá, tuve la ajustadísima, apretada y sofocante
experiencia de vivir en un lugar, que no era una casa de muñecas
reducida a su mínima expresión, ¡no!, ¡Era una maquette en miniatura
de ello…!
Cuando abrías la puerta de calle, ya estabas dando las gracias, porque
las puertas se abren para afuera.
Cuando transponías el umbral de la puerta, ya estabas en otro problema,
por esa maldita costumbre de los Japoneses de sacarse los zapatos y de
ponerse las chinelas pa´entrar en la casa. Tenías que entrar pisando
los zapatos y las chancletas. ¡Claro, vos me podés preguntar si no
había un mueblecito para ordenar todo ése relajo de calzados!. Y yo te
contesto que sí, que de hecho hay unos muy lindos y que se llamaban
"GETABAKO". Pero si ponía el mueblecito dentro de la casa…
¿Dónde carajo me metía yo? ¡Así de chiquita era la casa!
El "APATO", como le suelen decir ellos en una clara alusión
al apócope de apartamento ( ¿Ves que hasta para nombrar las cosas usan
términos chiquitos?) donde yo vivía se componía de una puerta de
calle, que daba a un corredor bastante estrecho que hacía las veces de
cocina. A éste daba la puerta del baño y a cuyo final estaba una
habitación que tenía una ventana. Fin de la historia. Así era mi
casa.
Cuando abrías la puerta de calle, ya estabas en aquél pasillo del cual
toda la mitad de su largo lo ocupaba la heladera y la mesada de la
cocina.
Al entrar y tratar de sacarte o desatarte los zapatos ( ¿me pregunto si
habrán sido ellos los que inventaron los calzados sin cordones?) le
dabas un cabezazo a la heladera, un culazo a la puerta de calle, un
codazo a la puerta del baño que estaba a tu derecha.
Para pasar desde afuera o desde el baño para el cuarto, si había
alguien en la cocina te tenías que exprimir con ella para poder
transitar. Aquello era una invasión de privacidad hasta las mínimas
expresiones… Mas valía que la persona que estuviera allí fuera de
confianza, porque con la refregada que le dabas para poder pasar, ¡te
digo que pasabas una vez y ya estabas íntimo con ella…!
El baño estaba compuesto de un solo bloque de plástico, donde paredes,
techo, inodoro, bañera y lavamanos estaban unidas en una sola pieza.
Les cuento que en las bañeras Japonesas, también me tocó pasar las de
Caín y Abel los dos juntos.
Las dichas bañeras japonesas, más conocidas como "OFURO", en
las cuales ellos disfrutan como locos, se agarran de los bordes y creo
que hasta se zambullen, representan para nosotros, extranjeros
robustianos y bien puchereados, otras cosas. Nos proporcionan, ciertos
sufrimientos a plazo fijo, solo parangonados a los infringidos por
algunos oscuros y tétricos instrumentos de tortura tan comunes en la
edad media.
Primero: que para entrar en la bañera, que es de forma cúbica y donde
ellos se meten, se sientan con las piernas cruzadas y el borde de la
misma les da por los hombros, para nosotros, cuyas medidas ya he
descripto, ¡de manera ninguna ofrece tanta comodidad así!
Yo, cada vez que me metía en la bañera, ¡y eso era todos los días!,
después que estaba dentro de ella, me sentía como esos Yoguis Indúes
que adoptan posiciones todas enredadas y estrafalarias. O sino, ésos
contorsionistas que se requiebran todos y se meten en un cubo bien
chiquito en los circos, ¿Viste?
Siempre que estaba allí dentro, pensaba: ¡Si acá me da un calambre,
estoy frito!
El primer día que enfrenté aquél tormento, no sé si por
desconocimiento, o por no tener una cabal idea de mi volumen…¡en fin!
La cosa es que llené la bañera hasta el borde, lo que hizo que
demorase en calentarse un montón, porque ellos la llenan y después la
calientan… ¡a la bañera! ¿no?
¡Cuando me metí adentro…! Aquello parecía un "TSUNAMI".
Al salir pude comprobar que si le ponía agua hasta un poco más abajo
del medio, cuando me metía el nivel del agua llegaba hasta el borde,
con lo que me ahorraría agua, calefacción y tiempo.
Pero volviendo al tema que nos ocupaba, antes de esta pequeña
digresión, la descripción del "APATO".
En Japón es muy difícil que se usen camas ¡y mucho menos de dos
plazas!
Ellos usan unas colchonetas llamadas "FUTON", que de noche las
colocan sobre el piso que siempre es de una estera de paja, y de mañana
los sacan los doblan y los guardan en unos armarios embutidos que tienen
las casas.
Quien suscribe, había encontrado en el basurero de una fábrica de
muebles, un colchón de dos plazas con resortes tipo sommier, ¡Toda una
raridad por aquellas latitudes!
¡Que?, ¿lo del basurero?, ¡Ah! Eso se los cuento en otra historia,
¿Ta? Pero desde ya les adelanto, no saben lo que es un basurero allá…
¿no se lo imaginan!
Bueno, pero volviendo a mi colchón de dos plazas, les cuento que su
perímetro era apenas cinco centímetros menor de cada lado de el de mi
habitación…
De mañana, parábamos el colchón contra la pared, lo atábamos para
que quedara paradito, y poníamos las frazadas y los "Futones"
en la parte de abajo del armario embutido. Sí, en la de abajo, porque
en la de arriba, amontonábamos la ropa y todo lo que podíamos.
Sacábamos de allí una mesita de patas rebatibles y unos almohadones
que oficiaban de asientos, y en el medio de aquella habitación, ahora
convertida en habitación, desayunábamos.
¡Una cosa sí era buena!, para agarrar cualquier cosa, no tenías que
caminar nada, alcanzaba con que te dieras vuelta o estiraras los brazos.
Además, vivís tan apretado que aunque estés solo en tu casa, nunca te
sentís solitario,. Siempre tenés esa sensación de que vas en el
subte, a una hora pico.
¡Todo es tan chiquito y apretado…! Les cuento, que supe estar en
baños, en los cuales, sentado en el inodoro (cuando lo había) los
hombros te quedaban recostados a las paredes del costado del baño.
Entrar, sentarte y hacer… ¡lo que tuvieras que hacer! Está todo
bien, pero… ¿y después?…¡Para limpiarte es la cosa…!
Cierta vez, en un teatro de la ciudad de NAGOYA, para sentarme en las
butacas, lo tuve que hacer "De cuarto perfil", es decir, con
el cuerpo girado sobre su eje unos cuarenta y cinco grados y apoyado en
una sola nalga…¡Bue! En nalga y media fue en realidad, pero ¡ta!.
¡Ah! Y con una mano apoyada en una rodilla y la otra detrás del
asiento de al lado.
Tal vez la cosa más difícil y chica que me tocó vivir en aquel
pequeño país, fue cuando tuve la mala experiencia de tener un
accidente y quebrarme el tobillo.
Lamentablemente, no lo hice a la moda japonesa, ya que no fue un
pequeña quebradura, sino una de las grandes, ¡bien al estilo americano
mismo!
Recuerdo que aquél aciago día, cuando llegamos a la entrada de
emergencia del hospital en el auto que me traía, vinieron dos
japonesitas con una camilla para transportarme hospital adentro.
Cuando me vieron, ¡se quedaron petrificadas las guachas!, hecho éste
que prefiero atribuir a que como me vieron extranjero, no sabrían como
comunicarse conmigo y no al hecho de tener que transportar mi amplio
volumen con sus menguadas fuerzas…
La cosa es que entre los TRES, "me subimos" a la camilla y
marchamos rumbo a la sala de emergencia. Noté, ¡no sin cierto
desagrado! Que por tres veces una de ellas comprobó si la camilla no
estaba con el freno puesto…
Como no podía ser de otra manera, la camilla me quedaba chica, o mejor
dicho, yo era mas ancho que ella, lo que hacía que los hombros y los
brazos me quedaran hacia fuera y saliendo por los costados.
Como las minas llevaban la camilla ya con la lengua de afuera y en un
continuo ZIG-ZAG, golpeábamos puertas, y nos íbamos de una pared a
otra en los corredores con el consiguiente riesgo que además de la
pata, éstas locas me quebraran un brazo también. Fue por ello que opte
por la posición tipo momia egipcia ¿viste? Con los brazos cruzados
sobre el pecho.
Ya en la sala de emergencia, me cortaron el pantalón con una enorme
tijera (que parecía esas de podar arbustos), para sacármelo… ¿Vos
imaginate donde me cuidaba yo en ésos momentos!!!
¡Pronto, ya me había dejado en paños menores!, entonces trajeron uno
de esos ponchos que te ponen cuando te internan en los hospitales,
¿Viste?.. ¿Y a qué no adivinan que pasó? ¡Sí! Porsupu, me quedó
chico y solo podía poner en el uno de los brazos. Así que no me lo
pusieron y sí me taparon con el como si fuera una sábana… ¡Más
bien una toalla, parecía! , ¡Y la de las de las manos todavía!, que
siempre es más chica!
Pronta y diligentemente, como todo lo que hacen los japoneses, me
llevaron a la sala de rayos X. Allí, después que tuve que bajarme de
la camilla y llegar hasta la máquina, saltando sobre mi perna sana, a
puro saltito de gorrión… ¡de gorrión gordo! Pero de gorrión al
fin, llegó el otro problema. Al intentar hacerme una radiografía de
tórax, percibieron que la susodicha no alcanzaba para mi ancho y
tuvieron que salir disparados a buscar otra más grande. Mientras
esperábamos, el médico, medio que avergonzado me decía en un inglés
muy bizzarro:
"¡Sorry, Japan small sizes!" ( "Lo siento en Japón hay
talles pequeños")
Yo, como todo un caballero, esbocé una sonrisa y nada dije. Pero pensé
para mis adentros: " ¡Pero carajo!, ¿Es que todo es chico en
éste país de mierda? Y me puse a rezar para que la anestesia en la
operación me la dieran con medidas extranjeras, de preferencia talles
americanos "Extra Large".
Otro de los dramas que tenía era cuando entraba a trabajar en alguna
fábrica, porque cuando me daban las ropas de trabajo, generalmente las
primeras dos semanas no tenía ropa ya que la mía la tenían que mandar
hacer especial. Y cuando venían las pilchas, o cuando de casualidad
tenían en la empresa, era talles tipo XXXL, llegaron una vez a traerme
una campera que era 6XL y mal me entraba.
En una cierta empresa, me tuvieron que cambiar de sección antes mismo
de entrar a trabajar, porque la sección que me había tocado, era la de
control de calidad, y ellos usaban un mameluco que hasta la cabeza
cubría de una tela especial y para mi talla no había.
Les cuento que en Japón tuve que adelgazar, y no por cuestiones de
salud, o de estética, sino más bien por cuestiones de moral…¡Sí
porque sino iba a tener que andar desnudo!
Concluyendo mis amigos, se los cuento con total y absoluto conocimiento
de causa: "Gordos y Japón no formamos una buena combinación"
P.D.
¡Tomá pa vos! hasta me salio un versito.
... By Eddy
Fuente: Rivera Cultural, suplemento
La Botica Máagica de Eddy.
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