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en una tierra, muy muy distante...

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10/10/2008.
Sigue
la trilogia de Eddy...
Un
Oriental entre orientales!!!
Japón:
Gordos vs. Espacio
Para
la gente que se queja de los espacios chicos, les voy a contar las
peripecias de alguien que ocupa mucho espacio, habiendo tenido que vivir
donde el espacio es un lujo para muy pocos. Esto bien podría haberse
titulado: "Tribulaciones, lamentos y sufrimientos de un gordo en
Japón"; o: "Muchos kilos, y poco espacio"; o:
"¡Que lo parió que país con espacios tan chiquitos…"
¡Pero no!, decidí titularlo con el título que lleva, porque los
sufrimientos los pasé yo, ¡además!, ¿Quién escribió todo esto?
¡Mirá que hay espacios reducidos, eh! Espacios muy chiquititos, ¡pero
muy chiquititos mismo! El que diga que no, seguramente no es gordo ni
vivió en Japón. Yo te voy a contar la justa… o lo justo que pasé mi
gorda vida en Japón. Todos te hablan de los reducidos espacios que hay
en Japón, pero como reza en el dicho" Una é parlare di morte, e
oltra propriamente é morire…" -Una cosa es hablar de muerte y
otra es morirse- Cuando estuve allá, tuve la ajustadísima, apretada y
sofocante experiencia de vivir en un lugar, que no era una casa de
muñecas reducida a su mínima expresión, ¡no!, ¡Era una maquette en
miniatura de ello…! Cuando abrías la puerta de calle, ya estabas
dando las gracias, porque las puertas se abren para afuera. Cuando
transponías el umbral de la puerta, ya estabas en otro problema, por
esa maldita costumbre de los Japoneses de sacarse los zapatos y de
ponerse las chinelas pa´entrar en la casa. Tenías que entrar pisando
los zapatos y las chancletas. ¡Claro, vos me podés preguntar si no
había un mueblecito para ordenar todo ése relajo de calzados!. Y yo te
contesto que sí, que de hecho hay unos muy lindos y que se llamaban
"GETABAKO". Pero si ponía el mueblecito dentro de la casa…
¿Dónde carajo me metía yo? ¡Así de chiquita era la casa! El
"APAATO", como le suelen decir ellos en una clara alusión al
apócope de apartamento (¿Ves? que hasta para nombrar las cosas usan
términos chiquitos!!!) donde yo vivía se componía de una puerta de
calle, que daba a un corredor bastante estrecho que hacía las veces de
cocina. A éste daba la puerta del baño y a cuyo final estaba una
habitación que tenía una ventana. Fin de la historia.
Así
era mi casa. Cuando abrías la puerta de calle, ya estabas en aquél
pasillo del cual toda la mitad de su largo lo ocupaba la heladera y la
mesada de la cocina. . . ¡Si! Y la heladera ocupaba la mitad de su
ancho!!! Al entrar y tratar de sacarte o desatarte los zapatos ( ¿me
pregunto si habrán sido ellos los que inventaron los calzados sin
cordones?) le dabas un cabezazo a la heladera, un culazo a la puerta de
calle, un codazo a la puerta del baño que estaba a tu derecha. Para
pasar desde afuera o desde el baño para el cuarto, si había alguien en
la cocina te tenías que exprimir con ella para poder transitar. Aquello
era una invasión de privacidad hasta las mínimas expresiones… Mas
valía que la persona que estuviera allí fuera de confianza, porque con
la refregada que le dabas para poder pasar, ¡te digo que pasabas una
vez y ya estabas íntimo con ella…! El baño estaba compuesto de un
solo bloque de plástico, donde paredes, techo, inodoro, bañera y
lavamanos estaban unidas en una sola pieza. Les cuento que en las
bañeras Japonesas, también me tocó pasar las de Caín y Abel los dos
juntos. Las dichas bañeras japonesas, más conocidas como
"OFURO", en las cuales ellos disfrutan como locos, se agarran
de los bordes y creo que hasta se zambullen, representan para nosotros,
extranjeros robustianos y bien puchereados, otras cosas. Nos
proporcionan, ciertos sufrimientos a plazo fijo, solo parangonados a los
infringidos por algunos oscuros y tétricos instrumentos de tortura tan
comunes en la edad media. Primero: que para entrar en la bañera, que es
de forma cúbica y donde ellos se meten, se sientan con las piernas
cruzadas y el borde de la misma les da por los hombros, para nosotros,
cuyas medidas ya he descripto, ¡de manera ninguna ofrece tanta
comodidad así! Yo, cada vez que me metía en la bañera, ¡y eso era
todos los días!, después que estaba dentro de ella, me sentía como
esos Yoguis Indúes que adoptan posiciones todas enredadas y
estrafalarias. O sino, ésos contorsionistas que se requiebran todos y
se meten en un cubo bien chiquito en los circos, ¿Viste? Siempre que
estaba allí dentro, pensaba: ¡Si acá me da un calambre, estoy frito!
El primer día que enfrenté aquél tormento, no sé si por
desconocimiento, o por no tener una cabal idea de mi volumen…¡en fin!
La cosa es que llené la bañera hasta el borde, lo que hizo que
demorase en calentarse un montón, porque ellos la llenan y después la
calientan… ¡a la bañera! ¿no? ¡Cuando me metí adentro…! Aquello
parecía un "TSUNAMI". Al salir pude comprobar que si le
ponía agua hasta un poco más abajo del medio, cuando me metía el
nivel del agua llegaba hasta el borde, con lo que me ahorraría agua,
calefacción y tiempo. Pero volviendo al tema que nos ocupaba, antes de
esta pequeña digresión, la descripción del "APATO".
En Japón es muy difícil que se usen camas ¡y mucho menos de dos
plazas! Ellos usan unas colchonetas llamadas "FUTON", que de
noche las colocan sobre el piso que siempre es de una estera de paja, y
de mañana los sacan los doblan y los guardan en unos armarios embutidos
que tienen las casas. Quien suscribe, había encontrado en el basurero
de una fábrica de muebles, un colchón de dos plazas con resortes tipo
sommier, ¡Toda una raridad por aquellas latitudes! ¡Que?, ¿lo del
basurero?, ¡Ah! Eso se los cuento en otra historia, ¿Ta? Pero desde ya
les adelanto, no saben lo que es un basurero allá… ¿no se lo
imaginan! Bueno, pero volviendo a mi colchón de dos plazas, les cuento
que su perímetro era apenas cinco centímetros menor de cada lado de el
de mi habitación… De mañana, parábamos el colchón contra la pared,
lo atábamos para que quedara paradito, y poníamos las frazadas y los
"Futones" en la parte de abajo del armario embutido. Sí, en
la de abajo, porque en la de arriba, amontonábamos la ropa y todo lo
que podíamos. Sacábamos de allí una mesita de patas rebatibles y unos
almohadones que oficiaban de asientos, y en el medio de aquella
habitación, ahora convertida en habitación, desayunábamos. ¡Una cosa
sí era buena!, para agarrar cualquier cosa, no tenías que caminar
nada, alcanzaba con que te dieras vuelta o estiraras los brazos.
Además, vivís tan apretado que aunque estés solo en tu casa, nunca te
sentís solitario,. Siempre tenés esa sensación de que vas en el
subte, a una hora pico. ¡Todo es tan chiquito y apretado…! Les
cuento, que supe estar en baños, en los cuales, sentado en el inodoro
(cuando lo había) los hombros te quedaban recostados a las paredes del
costado del baño. Entrar, sentarte y hacer… ¡lo que tuvieras que
hacer! Está todo bien, pero… ¿y después?…¡Para limpiarte es la
cosa…! Cierta vez, en un teatro de la ciudad de NAGOYA, para sentarme
en las butacas, lo tuve que hacer "De cuarto perfil", es
decir, con el cuerpo girado sobre su eje unos cuarenta y cinco grados y
apoyado en una sola nalga…¡Bue! En nalga y media fue en realidad,
pero ¡ta!. ¡Ah! Y con una mano apoyada en una rodilla y la otra
detrás del asiento de al lado. Tal vez la cosa más difícil y chica
que me tocó vivir en aquel pequeño país, fue cuando tuve la mala
experiencia de tener un accidente y quebrarme el tobillo.
Lamentablemente, no lo hice a la moda japonesa, ya que no fue un
pequeña quebradura, sino una de las grandes, ¡bien al estilo americano
mismo! Recuerdo que aquél aciago día, cuando llegamos a la entrada de
emergencia del hospital en el auto que me traía, vinieron dos
japonesitas con una camilla para transportarme hospital adentro. Cuando
me vieron, ¡se quedaron petrificadas las guachas!, hecho éste que
prefiero atribuir a que como me vieron extranjero, no sabrían como
comunicarse conmigo y no al hecho de tener que transportar mi amplio
volumen con sus menguadas fuerzas… La cosa es que entre los TRES,
"me subimos" a la camilla y marchamos rumbo a la sala de
emergencia. Noté, ¡no sin cierto desagrado! Que por tres veces una de
ellas comprobó si la camilla no estaba con el freno puesto… Como no
podía ser de otra manera, la camilla me quedaba chica, o mejor dicho,
yo era mas ancho que ella, lo que hacía que los hombros y los brazos me
quedaran hacia fuera y saliendo por los costados. Como las minas
llevaban la camilla ya con la lengua de afuera y en un continuo ZIG-ZAG,
golpeábamos puertas, y nos íbamos de una pared a otra en los
corredores con el consiguiente riesgo que además de la pata, éstas
locas me quebraran un brazo también. Fue por ello que opte por la
posición tipo momia egipcia ¿viste? Con los brazos cruzados sobre el
pecho. Ya en la sala de emergencia, me cortaron el pantalón con una
enorme tijera (que parecía esas de podar arbustos), para sacármelo…
¿Vos imaginate donde me cuidaba yo en ésos momentos!!! ¡Pronto, ya me
había dejado en paños menores!, entonces trajeron uno de esos ponchos
que te ponen cuando te internan en los hospitales, ¿Viste?.. ¿Y a qué
no adivinan que pasó? ¡Sí! Porsupu, me quedó chico y solo podía
poner en él, uno de los brazos. Así que no me lo pusieron y sí me
taparon con él, como si fuera una sábana… ¡Más bien una toalla,
parecía! , ¡Y la de las de las manos todavía!, que siempre es más
chica! Pronta y diligentemente, como todo lo que hacen los japoneses, me
llevaron a la sala de rayos X. Allí, después que tuve que bajarme de
la camilla y llegar hasta la máquina, saltando sobre mi pierna sana, a
puro saltito de gorrión… ¡de gorrión gordo! Pero de gorrión al
fin, llegó el otro problema.
Al
intentar hacerme una radiografía de tórax, percibieron que la
susodicha no alcanzaba para mi ancho y tuvieron que salir disparados a
buscar otra más grande. Mientras esperábamos, el médico, medio que
avergonzado me decía en un inglés muy bizzarro: "¡Sorry, Japan
small sizes!" ( "Lo siento en Japón hay talles
pequeños") Yo, como todo un caballero, esbocé una sonrisa y nada
dije. Pero pensé para mis adentros: " ¡Pero carajo!, ¿Es que
todo es chico en éste país de mierda? Y me puse a rezar para que la
anestesia en la operación me la dieran con medidas extranjeras, de
preferencia talles americanos "Extra Large". Otro de los
dramas que tenía era cuando entraba a trabajar en alguna fábrica,
porque cuando me daban las ropas de trabajo, generalmente las primeras
dos semanas no tenía ropa ya que la mía la tenían que mandar hacer
especial. Y cuando venían las pilchas, o cuando de casualidad tenían
en la empresa, era talles tipo XXXL, llegaron una vez a traerme una
campera que era 6XL y mal me entraba. En una cierta empresa, me tuvieron
que cambiar de sección antes mismo de entrar a trabajar, porque la
sección que me había tocado, era la de control de calidad, y ellos
usaban un mameluco que hasta la cabeza cubría de una tela especial y
para mi talla no había. Les cuento que en Japón tuve que adelgazar, y
no por cuestiones de salud, o de estética, sino más bien por
cuestiones de moral…¡Sí porque sino iba a tener que andar desnudo!
Concluyendo mis amigos, se los cuento con total y absoluto conocimiento
de causa: "Gordos y Japón no formamos una buena combinación"
P.D. ¡Tomá
pa vos! hasta me salió un versito.
By
Eddy...

Fuente: Rivera Cultural,
columna Un Oriental entre orientales.
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