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08/11/2008.
Portandose
Bien. - Cuento 001 x Lagimena
Me
cansé de ser una persona buena, un ciudadano ideal, un buen vecino, el
mejor padre, un marido atento y cariñoso, un amigo fiel y un empleado
servicial. Ya no quiero ser parte de ese grupito sin futuro. Digo esto
con propiedad.
Estoy
agotado de hacer las cosas bien y no ganar nada. Me pudrí de conducir
este fusquita rojo mientras mi vecino tipito arrogante, me mire sobre el
hombro mientras se pasea en su camioneta 4 x 4 año 2007.
Después
de cuarenta y dos años de vida miserable, me doy cuenta para qué
quinoto existen los valores morales, las reglas y las normas de
cortesía. A lo contrario de lo que se piensa, fueron hechos para
conducir y condicionar a los bobos y atorrantes que andan perdidos por
el mundo. Ah y ni que hablar de los cobardes que obedecen ciegamente
como criaturas temerosas a lo qué dirán si se enteran si hago esto o
aquello.
Que
nadie se atreva a decirme que portarse bien es beneficioso; eso no pasa
de una reverenda mentira. Quizás si lo vemos por otro lado, que yo
cumpla religiosamente con todas las reglas de las buenas maneras, le es
sumamente positivo al que me va a joder dentro de un rato.
Desde
el génesis de mi vida me comporté bien. De chiquito les hacía caso a
mis padres, sin reprocharles nada, tuvieran razón o no. ¿Para qué?;
para enterarme que mis padres le dejaron todo a mi hermano, que toda la
vida no pasó de un vago y que lo único que le importaba en la vida era
él.
Por
siempre ser primero en esto de ser gil, me casé a los 18 años por
dejar a mi novia embarazada. Mi sueño de ser piloto de avión, fue
desplazado por el llanto del gurí. Si bien mi mujer era muy linda en
principio, con el paso de los años se convirtió en una gorda gruñona,
que el único momento que me mira con cariño es el día que cobro el
sueldo.
En
mi época de estudiante siempre fui el más esforzado y estudioso de la
clase, muy querido por los profesores y odiado por la mayoría de mis
compañeros. Tuve sólo dos amigos, y ahora pensándolo fríamente,
estaban conmigo solamente para que les pasara la copia.
Cuando
Andrea se quedó embarazada , tuve que dejar de estudiar. Me metí en el
primer laburo que encontré. ¡Maldita oficina!, ¡cómo la odio!. Hace
veinticuatro años que aguanto este gerentito de mierda. ¡Cómo lo
aborrezco!. Si tan sólo pudiera hacérselo saber que lo odio desde el
fondo de mi alma. Que cuando me pide que le lleve el café me dan ganas
de tirárselo por encima. El otro día casi renuncié. Hasta escribí la
carta de renuncia. Pero cuando me acordé de la hipoteca de la casa, las
cuentas, la facultad de Quique y la cara de mi mujer; no tuve más
remedio que romperla.
Traté
de matarme dos veces. La primera intenté ahorcarme en el árbol del
fondo de mi casa pero la debilidad de la cuerda y el peso de mi cuerpo
hicieron con que todo no pasara de un fracaso para mi y un fiasco para
todos mis vecinos incluyendo mi querida y afectuosa familia. La segunda
vez fue con unas pastillas para dormir, las confundí con el frasco de
pastillas purgantes. Pasé una semana aguantando las risas y burlas de
mi mujer y la tremenda diarrea que me dio.
Aunque
mi mujer sea una perra conmigo nunca la engañé. Aclaro desde ya que no
fue por falta de oportunidad. A pesar de todo no estoy tan mal. La panza
se puede bajar, y ahora con tantos tratamientos para curar la calvicie,
es evidente que soy todo un semental.
Pero
ahora eso de ser un esposo fiel hace parte del pasado. La secretaria de
José me da bola hace un año; yo se que de tras de su “buenos días”
se esconde una pasión loca y desenfrenada hacia mi. Y eso es sólo el
principio. No pagaré más la facultad, ya tiene veinticuatro años, que
trabaje y estudie. ¡ No lo mantengo más!.Voy a vender el auto y me
iré de viaje. Ya no me importa el banco, que se coma la casa si quiere.
Que el señor José Laerte aprenda a hacerse su café. Que no cuente
más conmigo porque mañana mismo presento mi renuncia y le rompo toda
la oficina.
Ahora
mismo me voy al bar, no sólo me voy a tomar todo sino que también voy
a levantarme alguna mina. Primero voy a mi casa y le diré a Andrea todo
lo que pienso de ella. No pero…pensando bien, si me ve con tanto
entusiasmo ya verá una forma de bajarme la autoestima a lo último. Voy
a casa, hago mi rutina diaria y cuando se duerma me escapo hacia mi
libertad. Pero… ¿y si se despierta?, ¿qué haré?. Piensa…Piensa….Le
diré que voy a hacer un viaje de negocios, y que tardaré una semana a
volver. No, no me lo va a creer.
No
sé mentirle, ella es capaz de percibir mi stress y mi ansiedad, puede
oler mi miedo como si fuera ella el predador y yo la pobre presa.
¿Sabés
qué?, mejor me voy a casa, me acuesto temprano y mañana me voy a
laburar.
por LAGIMENA

Fuente: Rivera
Cultural, columna cuentos de Lagimena.
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