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13/08/2009.
Leyenda
Charrúa
A
Veces la Luna se Llama Guidaí
Los charrúas conocían las fases de la Luna y su regularidad como
las conocen todos los pueblos que observan el cielo. Las Lunas llenas
sucesivas marcaban el año lunar, a razón de tres Lunas llenas por
estación, pero al llegar a cada solsticio de invierno se aumentaba una
Luna para la estación siguiente. Las cuatros estaciones, claro, no se
designaban como primavera, verano, otoño e invierno sino por las
actividades propias de cada temporada. Cada cierto período de años los
ancianos advertían que los ciclos lunares se habían desfasado con
relación al solsticio de invierno, y entonces se agregaba otra Luna
más a la estación primaveral.
Claro
que a nadie se le ocurría que aquel cuerpo esférico fuera una diosa;
eso sólo puede ser una invención de los imperios, no de los pueblos
sabios.
Pero
la pradera por la noche está poblada de espíritus y el monte, por el
día y por la noche, tiene muchos más. Esos espíritus deambulan con
diferentes propósitos. La mayoría de ellos, memoria antigua de abuelos
sabios, quiere protegernos, pero para eso cada espíritu debe
fortalecerse, energetizarse. Y allí es donde a Luna juega su papel. Es
en esos casos que la Luna se llama Guidaí, fuente energetizadora de los
espíritus protectores.
En
el mundo guaraní acontece algo similar. Una cosa es Jasy, la luna como
medida de ciclos agrícolas o embarazos; y otra cosa es Ñasaindy, la
energía lunar que protege y fortalece. ¡Y qué fuerza tiene la luna
llena! Pregunten a pescadores del Fray Bentos o del Salto Oriental, para
no salir de esta Banda, y después pregunten a un pescador artesanal de
Corrientes o del Ñeembucú paraguayo, y todos les dirán lo mismo: si
hay Luna llena el pescado recién capturado debe taparse en el fondo de
la canoa, porque de no hacerse así se descompone rápidamente. En las
noches sin Luna, por más que haga el mismo calor, el proceso de
putrefacción de la carne se da mucho más lentamente.
La
energía por sí misma no hace el Bien ni el Mal; eso depende de la
voluntad de los espíritus que la gobiernan o de la gente sabia que la
administra. Por eso entre los charrúas era común que cada recién
nacido fuera presentado a la primera Luna llena, desnudo, pasando de los
brazos de su mamá a los de la anciana o el anciano sacerdote de la
comunidad. No importaba que fuera pleno invierno: la Luna era
protección suficiente, abrigo y escudo para el nuevo ser. Y si en el
momento de la presentación ocurría algún prodigio, alguna señal
extraordinaria relacionada con la Luna, aquella niña o aquel varoncito
podían recibir el nombre Guidaí como parte de su identidad secreta, la
que no sería revelada fuera de la comunidad. En efecto, el nombre se
elegía observando las señales de la Naturaleza en el entorno
inmediato.
Así
por ejemplo aquel animal que entonces se acercara demasiado podría
indicar la predisposición de los espíritus protectores a incorporarse
en él para dar señales y orientaciones al recién nacido durante toda
su vida. Entonces el nombre del animal quedaba incorporado al nombre
auténtico (pero no pronunciable ante extraños) del bebé. Pero si era
la Luna la que en aquel momento de la búsqueda del nombre parecía
aumentar su fulgor, eso significaba que aquella niña o aquel varón era
elegido por los espíritus que la Luna energetiza para otorgarle poderes
excepcionales.
El
nombre Guidaí (energía lunar) no es muy común entre los
charrúas. Hay que ganárselo y eso debe pasar en el instante mismo en
que el niño o la niña recién nacidos son presentados desnudos a la
Luna. Algún suceso extraordinario debe ocurrir allí, algo que indique
a los ancianos que aquel nuevo miembro de la comunidad recibe un apoyo
especial de los espíritus que la Luna energetiza. Es solamente en esos
momentos en que la luna pasa a ser Guidaí, y entonces esta dulce
palabra puede agregarse al nombre secreto del recién nacido. Dicen que
este privilegio fue concedido por los espíritus principalmente a
algunas niñas, pero que entre los varones de las últimas comunidades
hubo dos casos excepcionales a los que se les llamó "Guerreros de
la Luna". Ellos fueron Tacuabé y Sepé.Fue
precisamente a través de la Luna que el Gran Espíritu los consagró
para protagonizar acontecimientos heroicos e inolvidables.
Material
extraído del libro "Leyendas, mitos y tradiciones de la Banda
Oriental" de Gonzalo Abella.
Fuente: Rivera
Cultural.
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